TOROS EN SEVILLA

El blog taurino de Víctor García-Rayo. La pasión por el hábitat natural del toro de lidia. La fiesta, el amor por el animal más hermoso del mundo. Centrado en Sevilla, una ventana taurina que se abre al mundo.

lunes, 25 de abril de 2011

OLIVA SOTO ESTROPEA CON LA ESPADA UNA FAENA DE OREJA

En el arranque del tramo "torista" del abono de Sevilla, el torero de Camas Alfonso Oliva Soto ha perdido una oreja tras pinchar con la espada tras una buena faena al tercero de la tarde del Conde de la Maza. Alfonso Oliva Soto, estuvo decidido con el capote ante “Cocherito”, el toro que debió marcharse con las orejas cortadas. Este animal, serio y hermoso, expresó su bravura e importancia exigiendo al torero que se colocara bien yéndose como un obus para sus muslos. Tras el susto, Oliva Soto se concentró en hacer muy bien las cosas. Y allí estaba el toro bravo para agradecerlo. Los naturales fueron cumbres, extraordinariamente personales, rotos y largos, con un torero que mostró rotundidad, capacidad y ese arte exclusivo que sólo tienen los elegidos. Terminó su faena, muy medida, con un cambio de manos marca de la casa, de gitano artista de Camas. Daba la impresión de que el animal aún tenía otra tanda por el pitón izquierdo, pero Oliva Soto –otra vez bien en Sevilla- prefirió amarrar el triunfo. Fue entonces cuando echó a perder el tren de la oreja con la espada de matar. El trofeo estaba cortado, seguro. La Maestranza sigue esperando a Oliva Soto. Merece la pena. Anotemos de Luis Vilches su excelente actuación durante toda la tarde con el capote y su resuelto acierto con la espada. El director de lidia despachó primero a un toro muy serio que no humillaba y que exigía demasiado. Avisó varias veces al matador y dejó claro el animal que, a la primera, el torero saldría por los aires. Embistió sin entregarse de verdad y Vilches tampoco se confió en la firmeza. No era oponente para muchas alegrías, aunque se moviera. Siempre atacó con la cara por las nubes. Dispuesta actitud mostró el torero de Utrera ante el pedazo de toro lidiado en el cuarto capítulo, un torazo ante el que Vilches, desde la salida de faena, enseñó los muslos. Protestó mucho este “Draculero” cuando su matador le bajó la mano para obligarlo y terminó por frenarse para embestir con sosería a pesar del magnífico trazo de los naturales de Luis Vilches, que estuvo por encima del toro. Es cierto que embistió, pero le faltaba ese empujón final, esa transmisión que ponía el torero y que no encontraba réplica en el astado. No puso el toro su cuota de emoción. El primer ejemplar de Iván Fandiño fue muy complicado. Tanto que no quería pasar, amagaba y se quedaba corto y, para colmo, cuando parecía que pasaba se revolvía con la rapidez de un escalofrío. El diestro estaba siempre medido al milímetro. El toro le dejó claro al matador que no le permitiría ni un muletazo. Fandiño, claro está, decidió irse a por los aceros de matar. Era imposible. Y el quinto fue soso, paradote, sin motor para atacar. Anotaremos también que el toro sangró bastante. Este ejemplar, astifino como todo toro que sale de “Arenales”, se mostró más blando de fuerzas.

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